La mirada de un niño

Una cosa es contarlo y otra verlo. Una cosa es hablar de los efectos de las bombas de racimo y otra conocer a cuatro personas que han sufrido sus efectos. Greenpeace y la Comisión Española de Ayuda al Refugiado(CEAR) lo han hecho hoy.

Cuatro chavales de entre 11 y 19 años que sufrieron graves heridas y amputaciones como consecuencia de las bombas de racimo han estado hoy en Madrid para contarnos cuál es el problema con este tipo de armas. Venían desde Camboya, acompañados por el obispo español Kike Figaredo, que lleva más de 20 años trabajando en aquel país.

Convertidos en portavoces de todas las víctimas, nos han contado que cada día hay 3 nuevos accidentes por bombas de racimo o minas antipersonales, una década después de que la guerra terminara. Nos contaron sus historias y cómo han rehecho sus vidas. Pero lo más impresionante era verlos, emocionados pero enteros, y sin perder de vista el mensaje que querían transmitir: es hora de prohibir, ya, este tipo de armamento que asesina y mutila sobre todo a civiles, de forma indiscriminada, y hasta décadas después de que un conflicto termine.

Nadie tiene más legitimidad que ellos para pedir esa prohibición. Los más de 80 gobiernos que desde el día 5 se reúnen en Viena para abordar este asunto deberían mirar a los ojos de estos niños y actuar en consecuencia.

Mabel

Etiquetes: , , , ,

Una resposta cap a “La mirada de un niño”

  1. Luis Diu:

    Solo una puntualización, en las “etiquetes”, el apellido de Kike es Figaredo.
    Muchas gracias por hacernos llegar estas noticias necesarias para la conciencia social.

Deixa un comentari